Mostrando entradas con la etiqueta Organización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Organización. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de julio de 2010

La izquierda y el 2012

Arnaldo Córdova
Todo mundo lo dijo: Andrés Manuel López Obrador se puso en campaña de nuevo al día siguiente de que se consumó el fraude de 2006. No les parecía sino que, al perder y demostrar ser mal perdedor, de inmediato se ponía en marcha para contender por la Presidencia de la República de nuevo en el 2012. Poco caso se hizo de esa muestra de autocrítica que el candidato de la izquierda dio después de aquellas elecciones: había habido muchas deficiencias en la organización para la contienda electoral; una enorme cantidad de casillas no se había cubierto, faltando representantes que no asistieron o, de plano, fueron ignoradas por la logística partidista. Así, no se podía hacer nada. Había que organizarse para que, en el futuro, no volviera a ocurrir. Y sí, López Obrador se aplicó de nuevo al trabajo.
Muy lejos estuvo nuestro candidato presidencial, empero, de mostrar deseos de venganza por la derrota, considerando que no había sido derrotado de verdad, sino despojado de un triunfo que estaba a la vista de todos. Su decisión de emprender de nuevo la movilización obedeció, más bien, a lo que le resultaba de ese ejercicio autocrítico y lo dijo muchas veces, más o menos en las mismas palabras: Nos robaron la elección, pero también tuvimos muchas fallas y lo que nos faltó fue organización. Para que no vuelva a pasar eso, hay que construir, desde ahora mismo, esa organización de masas que nos faltó. Esa autocrítica entrañaba también, sin duda alguna, una crítica a su partido, el PRD, que no había sabido proporcionar esa organización.
López Obrador recorrió desde entonces varias veces el país, creando una organización paralela de la partidaria que a muchos les disgustó dentro del PRD. Está formando un nuevo partido, su partido, se dijo en numerosas ocasiones. No era así. Lo que él buscaba era organizar directamente al pueblo con vistas, sí, a las siguientes elecciones presidenciales; pero de ninguna manera estaba auto postulándose para una nueva candidatura. En ese momento, a él no le interesaba eso en absoluto y lo dijo todo el tiempo. Ya ese mismo movimiento que estaba formando decidiría quién sería su próximo candidato y luego, cuando comenzó a perfilarse la precandidatura de Marcelo Ebrard, comenzó a afirmar que el candidato sería el mejor posicionado, vale decir, el que recogiera los mayores consensos entre los partidos y la ciudadanía.
A lo largo de todo ese tiempo, desde 2006, el tabasqueño ha tratado de forjar esa organización que a la izquierda faltaba del único modo que puede hacerse para que se vuelva permanente y sólida: recurriendo al contacto permanente con la gente del pueblo a todo lo largo y ancho de la República. En este sentido, López Obrador ha logrado algo que ningún político se sueña: conocer por sí todos los municipios de México y dejar en cada uno de ellos un contingente organizado, a veces numeroso a veces modesto, listo para actuar en cada momento.
Es cierto que el Peje jamás ha dejado de andar en campaña por la Presidencia de la República en 2012; pero desde el principio dejó en claro que no era atendiendo a una ambición personal, sino mirando al futuro de la izquierda, la que no debía volver a presentarse tan desarmada como lo hizo en las elecciones de 2006. Lo que importaba era darle a la izquierda esas armas de las que había carecido en aquella ocasión y que consistían, esencialmente, en una organización nueva de masas, con una gran capacidad de movilización y de concentración. Como para demostrar su dicho, empezó a llenar con cientos de miles de seguidores nuestra plaza principal. Nadie lo ha hecho ni tantas veces como él.
Y mientras el movimiento se desarrollaba pujante, creando una conciencia participativa en millones de ciudadanos y, lo más importante, un compromiso con la nación, el PRD se despeñaba en las pugnas internas y se desdibujaba como una verdadera opción partidista. Ese proceso se hizo irreversible desde que los chuchos asaltaron el poder avalados por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que reconoció su preponderancia en el partido. Entonces comenzaron sus deslindes respecto de y sus francos ataques a López Obrador y a su movimiento cívico. Curiosamente, fue ese movimiento el que comenzó a ganar batallas, como la del petróleo, y el que empezó a sumar fuerzas que antes eran extrañas a o que estaban alejadas de la izquierda.
Han sido esas batallas memorables las que le han dado nombre. Ahora se presenta como el Movimiento en Defensa de la Economía Popular, el Petróleo y la Soberanía Nacional. El PRD, sobre todo a partir de que hizo suya la línea trazada por Manuel Camacho Solís, de aliarse con la derecha y con cuantos se dejaran para conseguir objetivos puramente pragmáticos, ha dejado de tener la muy pálida identidad que tenía desde su fundación. Sigue siendo el mayor y más representativo partido de izquierda, pero el hecho es que él mismo ha contribuido a que el mismo concepto de izquierda pierda sentido. Tendremos que identificar una y otra vez a la izquierda, por lo menos para saber quiénes la forman hipotéticamente.
Cada vez son menos. Una vez contábamos en ese campo a los priístas nacionalistas y a los viejos lombardistas. Ellos ya no existen. Ahora sólo quedan tres partidos, el PRD, el PT y Convergencia. En el PRI, aunque a muchos no les guste oírlo, ya no hay izquierdistas y ni siquiera centristas. En el PAN nunca los hubo, aunque sí muchos espíritus esclarecidos que también se fueron. El PT es un amasijo de viejos grupos movimientistas que carece de una verdadera identidad partidaria e ideológica, pero lo consideramos de izquierda. Convergencia es un grupo formado en torno a su líder, Dante Delgado, que no siempre logra uno definir con precisión. El PRD es la única gran fuerza partidista de izquierda, pero ahora deshilachado y copado en su dirección por un grupo mafioso y faccioso que lo está destruyendo ineluctablemente. Como gran fuerza de izquierda no queda más que el movimiento cívico lópezobradorista.
Este movimiento es obra de millones de mexicanos que desean volver a creer y actuar cohesionados por un gran líder de masas, claro en sus planteamientos y carismático, como respuesta popular a la impostura y a la pésima política de los círculos gobernantes que han hecho trizas nuestra economía y todas sus instituciones igualitarias y justicieras. Es la respuesta que viene desde abajo al mal gobierno, a la impunidad, al latrocinio y a la desvergüenza de quienes se han adueñado del poder y de la riqueza pública. Que López Obrador haya hecho pública su decisión de contender de nuevo por la Presidencia de la República creo que a nadie debería sorprender, en primer lugar, porque muy pocos como él tienen algo que ofrecer como candidatos de la izquierda y, en segundo lugar, porque nadie como él ha sabido forjar un movimiento de masas que quiere luchar por el poder y encumbrar en el mismo a uno de los suyos.

domingo, 9 de mayo de 2010

Y el descontento se generaliza

Agricultores ante AMLO: no hay apoyo local ni federal tras el sismo en Mexicali

Insta a que se movilice la gente, pues a escala nacional se sabe muy poco de la tragedia en la zona

Antonio Heras
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 9 de mayo de 2010, p. 9

Mexicali, BC, 8 de mayo. Agricultores y ejidatarios del valle de Mexicali afectados por el terremoto de 7.2 grados Richter ocurrido el pasado 4 de abril, denunciaron ante Andrés Manuel López Obrador que las cosechas están prácticamente perdidas por la destrucción de los canales de riego, y no se han recibido los apoyos ofrecidos por autoridades locales y federales para los productores de la llamada zona cero.

Leer mas

Para conservar encendida la llama de la esperanza

El Despertar
Cómo salir de la depresión colectiva
José Agustín Ortiz Pinchetti

Vivimos una depresión colectiva por el impacto de una múltiple crisis. La depresión puede ser no sólo un problema personal, sino un fenómeno social. Un desastre nacional. Puede crear una atmósfera depresogénica. Como la depresión es contagiosa, puede extenderse como epidemia.
Pero la depresión es saludable, tiene un poder creativo. Nos obliga a ver lo que está mal en nosotros y nos impulsa a corregirlo. Salvo que queramos regodearnos en el fracaso, tenemos que afrontarla y superarla.
¿Podemos ser optimistas? Sí, México es una nación poderosa: la séptima economía del mundo; con 2 millones de kilómetros cuadrados, todos los climas y riquezas minerales; inmensos litorales; una frontera de 3 mil kilómetros, con el mayor mercado del planeta; con una población de 107 millones, densa, pero no excesiva; un pueblo joven, trabajador, disciplinado e ingenioso, generoso y noble. Nuestros pasivos: una oligarquía rapaz, maridaje de políticos corruptos y potentados insaciables. Y una casta de administradores que han debilitado voluntariamente nuestra soberanía y han entregado las palancas de control del Estado y la economía a monopolios privados.
La prueba histórica: México se ha levantado del lecho de enfermo agónico. Después del desastroso periodo formativo, reyertas civiles, la mutilación del territorio y varias intervenciones extranjeras, fundó el Estado moderno, y después de 20 años de las devastaciones que originó la Revolución, lo reorganizó. De 1932 a 1982 creció 6 por ciento, como ninguna otra nación. “Con frecuencia olvidamos que el México contemporáneo –escribió López Cámara–, cualquiera que sean sus lastres del pasado y sus carencias sociales, ha modificado por completo una realidad que no hace mucho sólo podría presagiar una verdadera catástrofe nacional”.
Para recuperarnos tendremos que completar la transición a la democracia y dejar atrás el neoliberalismo, controlar la corrupción y los monopolios, fortalecer nuestra soberanía para volver a crecer y empezar a repartir.
Para lograrlo necesitamos un agente político, y he aquí una confidencia: cuando me siento deprimido por la decadencia general, me voy a trabajar en la formación de los comités en el movimiento que encabeza AMLO. Al constatar cómo centenares, miles de hombres y mujeres quieren servir sin mayor retribución que trabajo duro, dignidad y capacitación, y cómo se multiplican las células, al grado de que ya son más de 7 mil en una red en toda la República, cualquier desánimo se evapora. Y dígame, amigo lector, ¿usted qué hace para salir de la depresión colectiva?